Lunes 9 de mayo de 2010 y la institucionalidad formal del Estado de Chile, representada por once personas designadas por el Gobierno de turno, aprueban la construcción de cinco megacentrales hidroeléctricas en la reserva de agua dulce más importante del país. Aprobaron HidroAysén y de inmediato salimos a la calle, nuevamente.
Llegué a la Plaza de Valdivia a eso de las 18:15 hrs. cargando con una rabia e impotencia aún más fuerte que cuando la entonces COREMA de Los Ríos aprobó el Ducto al Mar de Planta Valdivia (CELCO). Me encontré con un centenar de esos hippies de mierda que tanto le desagradan a Don Sebastián y a los pocos minutos escuchamos los gritos y fuerza de otros centenares de compañeros que venían marchando desde el campus Teja de la Universidad Austral.
Nos juntamos en la plaza, caminamos por el centro de la ciudad y a las pocas cuadras éramos mil gargantas gritando NO a HidroAysén. Nos están jodiendo la vida y tenemos pleno derecho a pataleo, el problema es que la policía no piensa lo mismo. Zorrillo, guanaco, piquetes de fuerzas especiales, bombas lacrimógenas y una veintena de detenidos fue el final de la primera jornada de movilización ciudadana consciente.
Al día siguiente, martes 8 de mayo, nuevamente los estudiantes de la UACh tomaron la delantera en la convocatoria y a las 13:30 el centro de Valdivia veía cómo cientos de jóvenes marchábamos haciendo uso del espacio público por excelencia: la calle. Enormes tacos vehiculares se formaron por nuestras ganas de no quedarnos callados, de manifestar públicamente y a los cuatro vientos que por mucho que les duela, la vida no se vende.
Cuando llegamos al puente Pedro de Valdivia la historia fue distinta. Este puente es el único viaducto que conecta el centro de la ciudad con uno de los sectores residenciales más exclusivos de Valdivia. La policía enfureció. Al clásico carro lanza agua, el famoso guanaco, lo acompañó nuevamente el zorrillo y los piquetes de fuerzas especiales, se repetía exactamente el mismo escenario del día anterior salvo por un gran detalle: esta vez la pelea era en nuestra casa. Defender el campus fue la opción y por más de tres horas Carabineros de Chile no logró avanzar ni tomar detenidos.
Pero la violencia policial fue enorme. Nunca antes en la UACh había visto tal cantidad de bombas lacrimógenas, estudiantes heridos, caras ensangrentadas, compañeros resistiendo. Piquete que avanzaba era combatido y obligado a retroceder. Bomba lacrimógena que lanzaban era apagada de inmediato. Dos compañeros resultaron gravemente heridos con cortes y traumatismos en su cara producto de bombas lanzadas directamente y a corta distancia por la policía. Otros resultamos con quemaduras leves al recibir o apagar las lacrimógenas, pero seguíamos en pie. De vez en cuando un grito nos recordaba la razón del por qué estábamos ahí y a mi lado decenas de estudiantes avanzaban nuevamente a enfrentar la fuerza de quienes golpean y disparan en nombre de la ley. Ley que carece de razón y no conoce la justicia.
Pero si una gracia tenemos es que máquinas no somos, y el cansancio comenzó a pasar la cuenta. La policía avanzó disparando de frente, el aire nuevamente se hizo irrespirable, muchos con sus ropas empapadas ya no daban más. Ingresamos al campus y los piquetes y carros policiales se retiraron, llevando compañeros nuestros, claro. Fue una pelea dura donde los jóvenes se comportaron a la altura de la situación, convencidos que peleamos por una causa justa: defender el hogar de todos ante la ambición de unos pocos.

Lunes 9 de mayo de 2011 y la institucionalidad formal del Estado de Chile, representada por once personas designadas por el Gobierno de turno, aprueban la construcción de cinco megacentrales hidroeléctricas en la reserva de agua dulce más importante del país. Aprobaron HidroAysén y de inmediato salimos a la calle, nuevamente.
Llegué a la Plaza de Valdivia a eso de las 18:15 hrs. cargando con una rabia e impotencia aún más fuerte que cuando la entonces COREMA de Los Ríos aprobó el Ducto al Mar de Planta Valdivia (CELCO). Me encontré con un centenar de esos hippies de mierda que tanto le desagradan a Don Sebastián y a los pocos minutos escuchamos los gritos y fuerza de otros centenares de compañeros que venían marchando desde el campus Teja de la Universidad Austral.
Nos juntamos en la plaza, caminamos por el centro de la ciudad y a las pocas cuadras éramos mil gargantas gritando NO a HidroAysén. Nos están jodiendo la vida y tenemos pleno derecho a pataleo, el problema es que la policía no piensa lo mismo. Zorrillo, guanaco, piquetes de fuerzas especiales, bombas lacrimógenas y una veintena de detenidos fue el final de la primera jornada de movilización ciudadana consciente.
Al día siguiente, martes 8 de mayo, nuevamente los estudiantes de la UACh tomaron la delantera en la convocatoria y a las 13:30 el centro de Valdivia veía cómo cientos de jóvenes marchábamos haciendo uso del espacio público por excelencia: la calle. Enormes tacos vehiculares se formaron por nuestras ganas de no quedarnos callados, de manifestar públicamente y a los cuatro vientos que por mucho que les duela, la vida no se vende.
Cuando llegamos al puente Pedro de Valdivia la historia fue distinta. Este puente es el único viaducto que conecta el centro de la ciudad con uno de los sectores residenciales más exclusivos de Valdivia. La policía enfureció. Al clásico carro lanza agua, el famoso guanaco, lo acompañó nuevamente el zorrillo y los piquetes de fuerzas especiales, se repetía exactamente el mismo escenario del día anterior salvo por un gran detalle: esta vez la pelea era en nuestra casa. Defender el campus fue la opción y por más de tres horas Carabineros de Chile no logró avanzar ni tomar detenidos.
Pero la violencia policial fue enorme. Nunca antes en la UACh había visto tal cantidad de bombas lacrimógenas, estudiantes heridos, caras ensangrentadas, compañeros resistiendo. Piquete que avanzaba era combatido y obligado a retroceder. Bomba lacrimógena que lanzaban era apagada de inmediato. Dos compañeros resultaron gravemente heridos con cortes y traumatismos en su cara producto de bombas lanzadas directamente y a corta distancia por la policía. Otros resultamos con quemaduras leves al recibir o apagar las lacrimógenas, pero seguíamos en pie. De vez en cuando un grito nos recordaba la razón del por qué estábamos ahí y a mi lado decenas de estudiantes avanzaban nuevamente a enfrentar la fuerza de quienes golpean y disparan en nombre de la ley. Ley que carece de razón y no conoce la justicia.
Pero si una gracia tenemos es que máquinas no somos, y el cansancio comenzó a pasar la cuenta. La policía avanzó disparando de frente, el aire nuevamente se hizo irrespirable, muchos con sus ropas empapadas ya no daban más. Ingresamos al campus y los piquetes y carros policiales se retiraron, llevando compañeros nuestros, claro. Fue una pelea dura donde los jóvenes se comportaron a la altura de la situación, convencidos que peleamos por una causa justa: defender el hogar de todos ante la ambición de unos pocos.
Acá algunas fotos de lo sucedido:












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