Encapuchados, pero contribuyentes

Primer acto: una marcha que termina con jóvenes encapuchados rompiendo semáforos. Segundo acto: los mismos jóvenes encapuchados siendo detenidos por la policía y grabados por camarógrafos de TV. Tercer acto: la vecina de la casa de la esquina diciendo que está aburrida de los delincuentes que rompen todo. ¿Les suena familiar esa historia? Pues a estas alturas es parte de la pauta semanal de los medios de comunicación.

Identifico varios hechos que juegan en contra del destrozo del mobiliario urbano. La afirmación más burda puede ser que los autos ya existen y los semáforos son necesarios. O en términos económicos podemos afirmar que el presupuesto municipal es limitado y que la reposición de la señalética disminuye la inversión que se podría realizar en otras áreas: salud, educación, ornato, etc. También podemos apelar a un comportamiento adecuado para la vida en sociedad, pero los care’ polera en algo tienen razón: esos semáforos fueron financiados por ellos.

¿Sabía usted que el 64% del financiamiento del Estado de Chile se basa en impuestos al consumo? Así es. Entre IVA, impuesto a los combustibles, al alcohol y tabaco, y el clásico timbre y estampillas, somos los ciudadanos de esta patria los que financiamos la mayor parte del presupuesto nacional, por cuanto más de alguno podría pensar que si el ‘disco PARE’ lo financié yo, entonces es mío y puedo hacer con él lo que quiera. Absurdo, pero con algo de razón si reconocemos la injusticia del sistema tributario chileno. Recuerde usted que la gran minería, salvo CODELCO, no paga impuestos por los productos secundarios, equivalentes al 67% de su producción.

Ahora, con un sistema tributario más justo, por ejemplo con reales y significativos impuestos a la extracción de recursos naturales no renovables, las demandas de los estudiantes movilizados serían perfectamente financiables, liberaríamos a un número importante de ciudadanos de la carga que significa financiar el país, y podríamos reconfigurar la inversión social en pos de tener una mejor calidad de vida.

Está clarísimo que una reforma tributaria no es la solución a todos los males, hay otros temas políticos, sociales y culturales que solucionar, pero un buen comienzo es hacer de Chile un país en algo más justo para sus ciudadanos y ciudadanas, brecha socioeconómica y distribución del ingreso incluidas.

 

América Latina y su Derecho a la Educación

Don Fernando Pairo acaba de copartir un video en mi muro de Facebook... uno de los textos más clarificadores que he visto en materia de educación pública y que muy bien explica por qué los jóvenes de esta Patria están decididos a mejorar la calidad de la enseñanza primaria, secundaria y superior. Chile, nuevamente, pasa a ser el punto negro de América Latina:

¡Regresan las Lacrimógenas! Prepárese para recibirlas

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Hinzpeter acaba de dar luz verde para la utilización de gases lacrimógenos en la represión de manifestaciones ciudadanas. Acá un par de consejos para minimizar su impacto:
ROPA
De preferencia utiliza ropa de algodón que no lo haga transpirar tanto. Los gases actúan sobre las grasas y partes húmedas, por lo que el sudor potencia su efecto.
KIT
Si su kit de marcha no incluye máscara anti-gas, un pañuelo impregnado en vinagre o jugo de limón le ayudará a respirar mejor. El limón es el mejor amigo de los manifestantes, pues puedes consumir su jugo directamente y utilizar la cáscara como protector bucal similar a los utilizados en boxeo, eso reduce el impacto del gas en la boca.
Si fa fue afectado por el gas, junto con el limón aplique sal sobre el rostro y principalmente bajo los ojos, eso ayudará a minimizar el ardor y la irritación.
AMONIACO
¡El amoniaco es mi preferido! Pero es muy fuerte y no recomendado para personas asmáticas o con problemas cardiacos, respiratorios, cefaleas, entre otros. Se puede inhalar directamente, o suavizarlo con un poco de agua. Acá mi receta: mezclar en un vaso 1 o 2 partes de agua con una de amoniaco. Remojar un algodón en la solución y guardarlo en plástico bien cerrado, pues el amoniaco se evapora rápido. Si se ve afectado por el gas, rompa el plástico e inhale el vapor. Con eso es suficiente y olvídese del gas, pues su efecto se reduce a un portaje ínfimo.
La policía no sólo utiliza el clásico zorrillo para lanzar gases lacrimógenos, sino también seis tipos de bombas. Lo importante es mantener la calma, jugar con la dirección del viento e intentar apagarlas con abundante agua. Contar con un equipo de “bomberos” equipados con toallas empapadas es lo ideal, pues la bomba se apaga y el gas no logra traspasas las fibras.
¡Disfruten su manifestación y eviten caer detenidos!

Hinzpeter acaba de dar luz verde para la utilización de gases lacrimógenos en la represión de manifestaciones ciudadanas. Acá un par de consejos para minimizar su impacto:

ROPA

De preferencia utiliza ropa de algodón que no lo haga transpirar tanto. Los gases actúan sobre las grasas y partes húmedas, por lo que el sudor potencia su efecto.

KIT

Si su kit de marcha no incluye máscara anti-gas, un pañuelo impregnado en vinagre o jugo de limón le ayudará a respirar mejor. El limón es el mejor amigo de los manifestantes, pues puedes consumir su jugo directamente y utilizar la cáscara como protector bucal similar a los utilizados en boxeo, eso reduce el impacto del gas en la boca.
Si ya fue afectado por el gas, junto con el limón aplique sal sobre el rostro y principalmente bajo los ojos, eso ayudará a minimizar el ardor y la irritación.

AMONIACO

¡El amoniaco es mi preferido! Pero es muy fuerte y no recomendado para personas asmáticas o con problemas cardiacos, respiratorios, cefaleas, entre otros. Se puede inhalar directamente, o suavizarlo con un poco de agua. Acá mi receta: mezclar en un vaso 1 o 2 partes de agua con una de amoniaco. Remojar un algodón en la solución y guardarlo en plástico bien cerrado, pues el amoniaco se evapora rápido. Si se ve afectado por el gas, rompa el plástico e inhale el vapor. Con eso es suficiente y olvídese del gas, pues su efecto se reduce a un porcentaje ínfimo.

La policía no sólo utiliza el clásico zorrillo para lanzar gases lacrimógenos, sino también seis tipos de bombas. Lo importante es mantener la calma, jugar con la dirección del viento e intentar apagarlas con abundante agua. Contar con un equipo de “bomberos” equipados con toallas empapadas es lo ideal, pues la bomba se apaga y el gas no logra traspasas las fibras.

¡Disfruten su manifestación y eviten caer detenidos!

 

Manual Anti-Repre

Aprobaron HidroAysén y la sociedad salió a la calle. El problema es que muchas veces al Gobierno le incomoda esta situación, y envía a la policía. Acá un set de prácticos consejos a tener en cuenta a la hora me movilizarse, con uds. el Manual Anti Repre listo para descargar en PDF.

Disfrútenlo!

HidroAysén: Democracia bajo lacrimógenos

Lunes 9 de mayo de 2010 y la institucionalidad formal del Estado de Chile, representada por once personas designadas por el Gobierno de turno, aprueban la construcción de cinco megacentrales hidroeléctricas en la reserva de agua dulce más importante del país. Aprobaron HidroAysén y de inmediato salimos a la calle, nuevamente.
Llegué a la Plaza de Valdivia a eso de las 18:15 hrs. cargando con una rabia e impotencia aún más fuerte que cuando la entonces COREMA de Los Ríos aprobó el Ducto al Mar de Planta Valdivia (CELCO). Me encontré con un centenar de esos hippies de mierda que tanto le desagradan a Don Sebastián y a los pocos minutos escuchamos los gritos y fuerza de otros centenares de compañeros que venían marchando desde el campus Teja de la Universidad Austral.
Nos juntamos en la plaza, caminamos por el centro de la ciudad y a las pocas cuadras éramos mil gargantas gritando NO a HidroAysén. Nos están jodiendo la vida y tenemos pleno derecho a pataleo, el problema es que la policía no piensa lo mismo. Zorrillo, guanaco, piquetes de fuerzas especiales, bombas lacrimógenas y una veintena de detenidos fue el final de la primera jornada de movilización ciudadana consciente.
Al día siguiente, martes 8 de mayo, nuevamente los estudiantes de la UACh tomaron la delantera en la convocatoria y a las 13:30 el centro de Valdivia veía cómo cientos de jóvenes marchábamos haciendo uso del espacio público por excelencia: la calle. Enormes tacos vehiculares se formaron por nuestras ganas de no quedarnos callados, de manifestar públicamente y a los cuatro vientos que por mucho que les duela, la vida no se vende.
Cuando llegamos al puente Pedro de Valdivia la historia fue distinta. Este puente es el único viaducto que conecta el centro de la ciudad con uno de los sectores residenciales más exclusivos de Valdivia. La policía enfureció. Al clásico carro lanza agua, el famoso guanaco, lo acompañó nuevamente el zorrillo y los piquetes de fuerzas especiales, se repetía exactamente el mismo escenario del día anterior salvo por un gran detalle: esta vez la pelea era en nuestra casa. Defender el campus fue la opción y por más de tres horas Carabineros de Chile no logró avanzar ni tomar detenidos.
Pero la violencia policial fue enorme. Nunca antes en la UACh había visto tal cantidad de bombas lacrimógenas, estudiantes heridos, caras ensangrentadas, compañeros resistiendo. Piquete que avanzaba era combatido y obligado a retroceder. Bomba lacrimógena que lanzaban era apagada de inmediato. Dos compañeros resultaron gravemente heridos con cortes y traumatismos en su cara producto de bombas lanzadas directamente y a corta distancia por la policía. Otros resultamos con quemaduras leves al recibir o apagar las lacrimógenas, pero seguíamos en pie. De vez en cuando un grito nos recordaba la razón del por qué estábamos ahí y a mi lado decenas de estudiantes avanzaban nuevamente a enfrentar la fuerza de quienes golpean y disparan en nombre de la ley. Ley que carece de razón y no conoce la justicia.
Pero si una gracia tenemos es que máquinas no somos, y el cansancio comenzó a pasar la cuenta. La policía avanzó disparando de frente, el aire nuevamente se hizo irrespirable, muchos con sus ropas empapadas ya no daban más. Ingresamos al campus y los piquetes y carros policiales se retiraron, llevando compañeros nuestros, claro. Fue una pelea dura donde los jóvenes se comportaron a la altura de la situación, convencidos que peleamos por una causa justa: defender el hogar de todos ante la ambición de unos pocos.

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Lunes 9 de mayo de 2011 y la institucionalidad formal del Estado de Chile, representada por once personas designadas por el Gobierno de turno, aprueban la construcción de cinco megacentrales hidroeléctricas en la reserva de agua dulce más importante del país. Aprobaron HidroAysén y de inmediato salimos a la calle, nuevamente.


Llegué a la Plaza de Valdivia a eso de las 18:15 hrs. cargando con una rabia e impotencia aún más fuerte que cuando la entonces COREMA de Los Ríos aprobó el Ducto al Mar de Planta Valdivia (CELCO). Me encontré con un centenar de esos hippies de mierda que tanto le desagradan a Don Sebastián y a los pocos minutos escuchamos los gritos y fuerza de otros centenares de compañeros que venían marchando desde el campus Teja de la Universidad Austral.


Nos juntamos en la plaza, caminamos por el centro de la ciudad y a las pocas cuadras éramos mil gargantas gritando NO a HidroAysén. Nos están jodiendo la vida y tenemos pleno derecho a pataleo, el problema es que la policía no piensa lo mismo. Zorrillo, guanaco, piquetes de fuerzas especiales, bombas lacrimógenas y una veintena de detenidos fue el final de la primera jornada de movilización ciudadana consciente.


Al día siguiente, martes 8 de mayo, nuevamente los estudiantes de la UACh tomaron la delantera en la convocatoria y a las 13:30 el centro de Valdivia veía cómo cientos de jóvenes marchábamos haciendo uso del espacio público por excelencia: la calle. Enormes tacos vehiculares se formaron por nuestras ganas de no quedarnos callados, de manifestar públicamente y a los cuatro vientos que por mucho que les duela, la vida no se vende.


Cuando llegamos al puente Pedro de Valdivia la historia fue distinta. Este puente es el único viaducto que conecta el centro de la ciudad con uno de los sectores residenciales más exclusivos de Valdivia. La policía enfureció. Al clásico carro lanza agua, el famoso guanaco, lo acompañó nuevamente el zorrillo y los piquetes de fuerzas especiales, se repetía exactamente el mismo escenario del día anterior salvo por un gran detalle: esta vez la pelea era en nuestra casa. Defender el campus fue la opción y por más de tres horas Carabineros de Chile no logró avanzar ni tomar detenidos.

Pero la violencia policial fue enorme. Nunca antes en la UACh había visto tal cantidad de bombas lacrimógenas, estudiantes heridos, caras ensangrentadas, compañeros resistiendo. Piquete que avanzaba era combatido y obligado a retroceder. Bomba lacrimógena que lanzaban era apagada de inmediato. Dos compañeros resultaron gravemente heridos con cortes y traumatismos en su cara producto de bombas lanzadas directamente y a corta distancia por la policía. Otros resultamos con quemaduras leves al recibir o apagar las lacrimógenas, pero seguíamos en pie. De vez en cuando un grito nos recordaba la razón del por qué estábamos ahí y a mi lado decenas de estudiantes avanzaban nuevamente a enfrentar la fuerza de quienes golpean y disparan en nombre de la ley. Ley que carece de razón y no conoce la justicia.


Pero si una gracia tenemos es que máquinas no somos, y el cansancio comenzó a pasar la cuenta. La policía avanzó disparando de frente, el aire nuevamente se hizo irrespirable, muchos con sus ropas empapadas ya no daban más. Ingresamos al campus y los piquetes y carros policiales se retiraron, llevando compañeros nuestros, claro. Fue una pelea dura donde los jóvenes se comportaron a la altura de la situación, convencidos que peleamos por una causa justa: defender el hogar de todos ante la ambición de unos pocos.

Acá algunas fotos de lo sucedido:

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